viernes, 6 de abril de 2007

Tomas Mojarro "El Valedor"

ES UN HONOR, ESTAR CON OBRADOR

Legal o ilegal, se ha practicado siempre y en todos los estratos y grupos étnicos. Fingir ignorancia al respecto no es más que hipocresía de las buenas conciencias. Porque durante toda su historia la sociedad mexicana lo ha practicado y practica al margen, a pesar y en virtud de la legislación penal que siempre lo ha sancionado. La clandestinidad en que se realiza debido a la prohibición legal repercute en creciente agravamiento en distintos aspectos de la vida comunitaria. Como en el caso de las mujeres de muy escasos recursos económicos, se enunciaba ayer. Leo a quienes del tema conocen, los verdaderos especialistas en un problemón tan sensible, tan delicado:

“Sólo un factor tiende a inhibir entre los pobres el número de abortos, y ese es el miedo. La paciente pobre no tiene los recursos económicos para acudir a un sanatorio de calidad, de modo que se resigna a parir un hijo no deseado o se arriesga y se somete a un aborto barato, burdamente practicado y, por lo mismo, sumamente peligroso. El único factor universal en torno al aborto es la determinación de mujeres desesperadas que, al enfrentarse a embarazos no deseados, intentan a cualquier costo que se les practique un aborto…”

Y es que en este país coexisten dos Méxicos, uno ficticio y otro real, y la contradicción entre los dos es enorme. La consecuencia es el predominio de la mentira que, a su vez, constituye una de las causas de la corrupción y la inmoralidad públicas. El problema del aborto es un ejemplo muy claro de esta situación. Las prohibiciones prolongan y fortifican el país irreal, el país de las frases, frente al país real, el país de los hechos. Esta es una de las razones que nos inclinan a pensar que la legislación, que condena la práctica del aborto debe ser modificada Suprimirse, de plano. En fin.

Leo, y me sorprendo, que el aborto es practicado mayormente por mujeres casadas, católicas y madres de muchos hijos, en una edad promedio de 30 años. No es, como se dice, un problema de jóvenes, de solteras o de relaciones ocasionales o extra-conyugales. “En el DE, los médicos practican sólo uno de cada 12 abortos, y las mujeres no sólo mueren por aborto, sino que, además, quedan lesionadas, en un alto porcentaje, en su capacidad reproductiva, sexual y de salud general”.

Y juicios morales que en el investigador me parecen fuera de tono: ”Muchos representantes de la Iglesia Católica, que tiene un frente hipócrita de aparentes principios morales, abstractos y metafísicos, deben darse cuenta de que, al obstaculizar los caminos para un correcto tratamiento del problema del aborto inducido, con sus amarillistas campañas sacrifican a muchas mujeres mexicanas, contribuyendo a elevar el terrible nivel de mortalidad femenina por causa de abortos complicados, practicados clandestinamente, y destruyendo así valores fundamentales, como el bien común, y la dignidad y el respeto a la vida de la persona humana, que tanto profesan. La Iglesia Católica -su jerarquía ultraconservadora, correctamente- debe reconocer que el aborto inducido no es un delito, aceptar que cae en la jurisdicción de la moral individual, y que la decisión corresponde a la pareja, esencialmente a la mujer. Sin más.

Por cuanto al Estado: debe ser imparcial, reconocer que el aborto inducido no es un delito y aceptar que cae en la jurisdicción de la moral individual y que la decisión corresponde a la pareja.

Asi como no puede obligar a las mujeres a confesarse, comulgar o practicar cualquier otro rito, tampoco debe convertir en delito un problema de moralidad intima, como es el aborto”.

Y que al margen de consideraciones religiosas, el feto es una persona humana sólo en potencia, por lo que interrumpir su desarrollo vital no tiene ni el valor ni las consecuencias que tendría en un ser humano “actualizado”. Que la mujer, al abortar voluntariamente, no está calificando al producto de su concepción como persona humana y que, puesto que es a ella a quien corresponde primordialmente valorarlo, el interrumpir el desarrollo vital del producto de la concepción, hasta su viabilidad, no es inmoral ni punible.

Planteaba yo ayer el meollo de la espinosa cuestión: ¿en qué momento un ser viviente, producto de una concepción humana, es ya una persona? La apreciación del judaismo: “Hay persona humana sólo después del nacimiento. Antes lo es sólo en potencia Por lo tanto, no hay asesinato en el aborto”.

Pus sí, pero ahí la fuerza del dogma en el que se escuda la Iglesia Católica: que el embrión es una persona humana desde el momento de la concepción; que interrumpir el embarazo significa atentar contra las leyes divinas (proclama de Pío IX en 1869). Pero aun dentro de la misma Iglesia se expresan voces divergentes, “de representantes eclesiásticos que tratan de ser congruentes con el marco social, ideológico y científico que estamos viviendo”. En fin. Legalización del aborto. (Sigo algún día)

No hay comentarios.: