lunes, 24 de septiembre de 2007

QUIEN LE TEME A LUIS MANDOKI

PIRATEADO VILMENTE DE LA HORA DEL PUEBLO

¿Quién le teme a Luis Mandoki?
Mucho antes de que en la capi-tal de la industria del cine se hablase de Frijoliwood gracias a la irrupción de González Iñárritu, Cuarón, Del Toro, Salma, Gael o Diego Luna, Luis Mandoki ya andaba allí.

Hace 20 años su película Gaby, una historia verdadera, logró la nominación a un Oscar y dos Globos de Oro. En los siguientes años Mandoki se convirtió en un director eficaz y competitivo en Hollywood y en rápida sucesión dirigió a algunos de los actores más cotizados en su momento: Paul Newman, Meg Ryan, Andy García, Kevin Costner, Jennifer Lopez, Charlize Theron, Sonia Braga, Susan Sarandon, James Spader, James Caviezel, Melanie Grifitth, Don Johnson, Courtney Love, Kevin Bacon, entre otros, en una decena de películas.

Sin embargo, sus dos últimos filmes han sido estelarizados por Andrés Manuel López Obrador: El señor López, que vendió casi 2 millones de copias, y El fraude que nadie vio, de la que muchos desearían que no vendiera ninguna. Algunos de sus amigos y colegas consideran inexplicable que Mandoki haya puesto su carrera en stand by, y desperdiciado las oportunidades que ofrece el prestigio del que gozan los realizadores mexicanos en este momento. Ciertamente hacer documentales de denuncia política no es la mejor manera de consagrarse entre la élite profesional de la cinematografía mundial.

Lo curioso es que Mandoki no se caracterizaba precisamente por tener intereses políticos. Muchas de sus películas son de suspenso, pero también hay comedias y un par de historias románticas. Él mismo carece de formación política y, como muchos colegas del medio artístico, sus preocupaciones giran más en torno a aspectos culturales que estrictamente sociopolíticos. Lo que Mandoki sí tiene es una mirada profundamente humanitaria hacia el dolor de los otros. Su primera gran película, Gaby, describe la dramática historia de una escritora que pese a tener parálisis cerebral y escribir con su pie, logra abrirse camino en un mundo que la desdeña y desprecia. Y la última, Voces inocentes (2006), aborda la tragedia de los niños salvadoreños usados y ultrajados por la guerra de sus mayores. En ambas se trata de historias que ahondan en los escondrijos de la condición humana, no en la política.

Quizá por eso la película El fraude que nadie vio resulta tan peligrosa para muchos. No es una denuncia que ponga en evidencia las triquiñuelas de las altas esferas para impedirle a López Obrador la conquista del poder. O por lo menos no es ese el eje narrativo. Es más bien el relato de los pequeños detalles, las microinfamias a lo largo de todo el proceso y la manera en que fueron vividas, padecidas, por los actores sociales que participaron en él.

Columna completa de Jorge Zepeda Patterson en El Universal


ES UN HONOR, ESTAR CON OBRADOR

2 comentarios:

Jorge dijo...

Es correcto, es el fraude que nadie vio porque no existió.

Saludos

PEPMAC dijo...

Jorge, gracias por tu comentario y si es correcto decir el fraude que nadie vio, pero por que los medios y los que lo hicieron se encargaron de esconderlo.

Lo unico incorrecto es decir que el fraude no existio.

Saludos