domingo, 19 de octubre de 2008

JORGE GÓMEZ NAREDO Entre buenos y malos: González Márquez y su visión del mundo




La Jornada Jalisco

Emilio González Márquez, el miércoles pasado, definió claramente su ideario, su pensar y su forma de ver el mundo. Pocas veces un discurso muestra tanto a una persona y a su manera de percibir la realidad. En el marco de la entrega de apoyos a policías y a familiares de elementos policiacos muertos en cumplimiento de su deber, González Márquez describió nítidamente lo que él (y por ende, su gobierno) entiende por “lucha contra el narcotráfico”.

Con voz quebrada, el gobernador de Jalisco mencionó que estamos en guerra: “ésta es una guerra en contra de los que lucran con la salud de nuestra gente”. Ya lo mencionó Raúl Torres en la siempre fresca e inteligente columna El lobby: ¿acaso los hospitales particulares no lucran con la salud de la sociedad? Más allá de su corta visión sobre lo que significa “lucrar con la salud de nuestra gente”, González Márquez advierte que Jalisco está en guerra. Surgen preguntas, muchas preguntas: ¿cuándo se declaró?, ¿quién aprobó que se iniciara?, ¿por qué si se empezó la guerra desde hace tiempo, hasta ahora se informa a la ciudadanía?

El gobernador aclaró que “Jalisco está aportando sangre para mejorar la seguridad de nuestro estado”. ¿Esta es la finalidad de la guerra? Es muy fácil mencionar que los policías mueren, que son héroes: es muy fácil organizar actos para entregar apoyos pecuniarios a quienes han perdido a sus hijos, a sus parejas, a sus padres. Es muy fácil porque esas palabras las menciona alguien que no tiene que lidiar siempre con el narcotráfico en las calles. Es muy fácil rendir homenaje a los caídos cuando no se es uno de ellos, cuando no se tienen familiares que han sido ejecutados por la violencia ante la incapacidad de las autoridades para detenerla.

Cercano al paroxismo, González Márquez arguyó que hay dos bandos y nada más: los buenos y los malos. Y que los espectadores, quienes protestan, quienes disienten, quienes ven otras formas de combatir al narcotráfico, son parte de los malos, de los “cómplices”. Así pues, todos somos delincuentes en potencia. Sus palabras no dejan lugar a dudas: “Hay dos bandos, nadie es espectador, quien quiere ser sólo espectador, se convierte en cómplice”.

En el bando de los malos están los que “agreden a Jalisco”, los narcotraficantes, los que participan en el crimen organizado. Pero también están en ese bando los “timoratos”, los que no denuncian, los que no previenen, quienes no abonan a la formación de “una sociedad con valores”. Los policías que no estén dispuestos “a dar su sangre por Jalisco”, se ubican en el bando de los malos, de los que dañan al estado.

El bando de los buenos está encabezado (no podría ser de otra manera) por el gobernador de Jalisco, quien todos los días ofrece su sangre y su vida por el bien de la entidad. Lo acompañan todos los demás secretarios: dispuestos siempre a derramar su sangre en las tierras de Jalisco para que florezca la esperanza, el bienestar y la seguridad. Sí, el gabinete de González Márquez es un gabinete, digamos, de héroes que están dispuestos a inmolarse por la sociedad. En este bando de los buenos también (ya en segundo término) está “el pueblo de Jalisco que quiere confiar en el uniforme y en la placa [de los policías], el que se atreve a denunciar, el que no hace la vista a un lado cuando ve a esa punta del iceberg que es el narquito de colonia”. Sí, el pueblo bueno, el pueblo que no protesta, el pueblo que no disiente, el pueblo que no duda de sus autoridades, el pueblo que no tiene sentimientos de inconformidad.

En su discurso del miércoles pasado, González Márquez divide a la sociedad en dos: buenos y malos. Los buenos, son los que apoyan al gobierno (es decir, a él); los malos, los que no siguen sus indicaciones y, claro, el narcotráfico endemoniado. ¿Cómo hacerle entender al gobernador que la sociedad es más compleja de lo que él piensa y que el problema del narco es profundo y no se soluciona con una guerra?, ¿cómo hacerle comprender a González Márquez que no se trata de derramar sangre, sino de actuar de manera inteligente e integral?, ¿cómo explicarle que la sociedad jamás ha estado divida entre buenos y malos?, ¿cómo?

González Márquez nos dice que estamos en guerra y que, o somos buenos, o somos malos. Nos menciona un sólo camino: “el que se riega con sangre para que florezca un Jalisco más seguro”. Este pensamiento es peligroso: criminaliza a quienes no concuerdan, a quienes plantean disenso, a quienes miran otras soluciones distintas a aquellas de la autoridad. La pregunta es: quienes no piensan como González Márquez, ¿son del bando de los malos? No cabe duda: nos dirigimos a un camino directo (y sin paradas) al autoritarismo, un autoritarismo disfrazado de “guerra contra el narcotráfico”.

jorge_naredo@yahoo.com

Pemex NO se vende, SE DEFIENDE hasta con los dientes.

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