viernes, 1 de mayo de 2009

Conspiración Influenza


Me traigo este buen comentario de Forinutas.tv:

Efectivamente, la doctrina del shock establece que para derribar las barreras de las sociedades a los cambios que los corporativos quieren hacer en complicidad con el gobierno, lo mejor es asestar un fuerte golpe desmovilizador, que paralice la energía social. Lo hicieron en Chile para golpear a Salvador Allende, lo hacen cotidianamente con la tortura, y según muchas personas, el derribamiento de las torres gemelas en Nueva York fue el preámbulo para el estado de excepción con restricción de garantías individuales en los Estados Unidos... Pero a la vuelta de ocho años la sociedad se quitó de encima a Bush y eligió a Obama, los chilenos tienen una mujer presidente y así, uno tras de otro, los experimentos también producen despertares luego del shock.

¿Acá estamos siendo sometidos a una burla? Quizás. Ayer por la noche leía un artículo en El País (ahora prefiero los medios extranjeros porque siento que hay una extraña uniformidad informativa en los medios mexicanos). Un periodista fue a entrevistar al señor-cito directo de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud y se encontró con la sorpresa de que nadie (nadie, nadie, ni la recepcionista, ni las secretarias, ni los asistentes, nadie, ni el señor-cito director general) traían cubrebocas.

El periodista de El País, Pablo Ordaz, de inmediato pregunta:
"¿Por qué no llevan ustedes mascarillas? "Porque la porosidad que tienen permiten fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie". Y entonces -la siguiente pregunta también es obvia-, ¿por qué han repartido millones de mascarillas? "Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño". La declaración del funcionario no deja de ser sorprendente, sobre todo porque, durante los primeros días del brote, la población asistió angustiada a la escasez de mascarillas, y los políticos en tropel -en vez de hacer el discurso de Lezana- se lanzaron a prometer mascarillas como si en ellas estuviera la salvación".

Nadie lleva mascarillas en la secretaría mexicana de Salud

Impresionante. El señor directorcito le contesta al periodista con un cinismo viable solamente si no existiera internet y los mexicanos no fuéramos a leer sus declaraciones. O sea: usamos cubrebocas porque nosotros los pedimos. Nótese el desprecio.

Muchos de mis amigos, y especialmente mis amigas que son más inteligentes, tienen dudas. Dudas sobre las cifras, sobre la conducta errática de los funcionaritos, dudas sobre las medidas tomadas... Lean el correo de Ofelia Medina a La Jornada el viernes 24, recordándole a los señorcitos cuántos niños mueren por enfermedades curables.

¿Shock? Desde luego. Vivimos en Shock desde el miércoles 22 cuando Reforma dio encabezado a su edición con el tema de la influenza. Quizás haya quién se burle de nosotros. Una conocida de Polanco sale a pasear todos los días sin cubrebocas. Y cuando le preguntan por qué no se lo pone dice que porque solamente los pobres lo están -lo estamos- usando. ¿Será que tienen más conciencia? -le reviran. No, -contesta- es que tienen más miedo.

Quizás alguien se está carcajeando al vernos embozados con los trapos azules, blancos, los paliacates, los pañuelos en la boca. No importa. Nosotros acatamos las instrucciones. Ya les tocará a ellos obedecer las órdenes que les daremos. Para eso, entre los miles de recursos con los que contamos, están las urnas.

Saludos
Trigo

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.

Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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