lunes, 27 de septiembre de 2010

Más allá de Tamaulipas




Maggie Marín *

Adital -
Estoy segura, la mayor desventura de Tamaulipas es su vecindad con Estados Unidos, ese paraíso que tantos mexicanos y tantos centroamericanos quieren alcanzar para sacar adelante a sus familias trabajando. Lamentablemente, México se debate entre la colosal fortaleza que han adquirido los carteles del narcotráfico y esas otras mafias que controlan el tráfico de armas, la trata de personas, el lavado de dinero, la prostitución mas toda suerte de negocios de mala calaña, y los avatares de una sociedad que por haber abierto sus fronteras al comercio más libérrimo del mundo le facturaron mayor dependencia externa, menos soberanía -alimentaria y de la otra- y cuantiosa "asistencia" en sus niveles de violencia e impunidad. No lo olviden, habitamos el reino de las paradojas, como nos advierte cada tanto Eduardo Galeano.

Porque los aztecas desregularizaron todo a favor de Gringolandia y de Canadá desde 1994 con el TLCAN, un tratado que los hizo multidependientes de sus "socios" y que como aseguran muchos, fue precisamente halando de esa cuerda que se aceleró el desangre de un país que desde entonces lo único que vio crecer fue la economía informal y la miseria, caldo de cultivo de una delincuencia armada hasta los dientes y signada por el salvajismo que impone la lucha por el botín y por el control de los mercados.

Vea esta cifra: desde fines de 2006 México acumula 28 mil muertos por causa de esas formas del crimen organizado. Solo en agosto pasado estallaron tres coches bomba, fueron secuestrados tres periodistas, asesinados dos alcaldes, y acribillados 72 inmigrantes. ¡Y sume a lo anterior una rebelión de policías de Ciudad Juárez, hoy por hoy la más peligrosa del mundo! En medio de este panorama, el inmigrante es un peón en manos de bandas ávidas de trasegarlos de un lado al otro y de usarlos para sus fines en el tráfago de narcóticos y otros negocios escabrosos.

Luego entonces la masacre de 72 inmigrantes en el ya famoso rancho de San Fernando, en Tamaulipas, cuando se negaron a trabajar para Los Zetas (el cartel más sanguinario de México), la ejecución de dos funcionarios que investigaban los hechos, y el homicidio del alcalde de otro municipio del mismo estado, son algo más que asesinatos de sicarios del antedicho crimen organizado. Fue sin duda el peor hallazgo realizado hasta hoy, en medio de la guerra entre las mafias de la droga por el control de las rutas hacia Estados Unidos. Pero es también, y por sobre todo, parte de una historia más larga y más compleja.

Se asegura, en investigaciones del FBI y en informes de la Comisión de Derechos Humanos del propio país, que México es un infierno para los inmigrantes desde hace años. Solo de septiembre de 2008 a febrero de 2009 (en apenas seis meses, pues), 10 mil centroamericanos indocumentados que se dirigían a la Unión fueron secuestrados.

Son frecuentes las noticias, denuncias y testimonios sobre raptos, despojos, violaciones, torturas, y hacinamientos que llegan a causar no pocas muertes. ¿Quién no sabe nada del tren de carga al que se suben los "sin papeles" al comienzo de su ruta hacia el norte y donde ocurren historias brutales? ¿Y de los trasladados a través del desierto?

Pero Gringolandia no quiere "protagonismo" en asunto tan oscuro y sucio. Por eso Obama llegó al punto de rectificar a su "cancerbera" secretaria de Estado, que llegó a comparar al país azteca con la Colombia de Pablo Escobar.

Pero lo cierto es que su guerra contra el narcotráfico, que tanto le gusta que le hagan otros, le ha costado a México eso y mucho más. Por ejemplo, hoy se sabe que casi todas las armas de fuego en poder de narcos y mafiosos se compran en armerías estadounidenses situadas en la frontera, y el propio presidente Felipe Calderón asegura que más del 80 por ciento de las armas cortas y rifles de asalto confiscados en los últimos años provenían de EE UU.

De modo que el horror que nos sacudió ante los cadáveres atrozmente masacrados en Tamaulipas es sobre todo por la cantidad de muertos de un solo golpe.

"Hay días en los que me pregunto cuántos muertos mexicanos hacen falta para que un consumidor en Nueva York disfrute (en paz) de su dosis de cocaína", escribió en su blog la periodista Judith Torrea. Otros no ocultaron su tristeza porque sin remedio, las fastuosas fiestas por el bicentenario de la independencia mexicana tuvieron lugar en medio de un creciente militarismo.

Lo peor es que justo por hallarse los aztecas sumidos en tamaña violencia e impunidad, inducidas y prohijadas por el Norte, es que su ambicioso y voraz vecino sigue poniendo a punto planes empeñados en asegurar cada vez con más medios y fuerza a la patria de Juárez y del cura Hidalgo en rehén por excelencia de sus intereses.

En fin que hay mucho, mucho por considerar, más allá de Tamaulipas.


* Periodista de la revista centenaria cubana Bohemia

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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