martes, 23 de octubre de 2012

Crisis de los misiles: Los saldos

Jorge Gómez Barata (especial.info) Si bien la Crisis de los Misiles de 1962 puso en peligro a la humanidad, también favoreció la adopción del Tratado de No Proliferación Nuclear (1968) y condujo a las conversaciones para la limitación de las armas estratégicas, (SALT 1969). Las superpotencias aprendieron la lección. La mejor enseñanza y el significado político de más calado fue para la Revolución Cubana, que adquirió certeza de los límites reales de la alianza con la Unión Soviética que compartía responsabilidades e influencias en el esquema de dominación mundial bipolar de la Guerra Fría y estaba dispuesta a asistir económica y militarmente A Cuba y ejercer solidaridad política pero no a ir a la guerra mundial por ella. No obstante las críticas de Fidel Castro a la dirección soviética por haber introducido erróneamente los misiles y luego negociado torpemente su retirada y el enfado por sentirse excluido de la decisión final, la evacuación de los cohetes y las bombas, no provocaron una ruptura. La convicción de que en lo adelante, al menos en términos militares, la Revolución sólo podría contar con sus propios esfuerzos, impuso el pragmatismo y bajo la dirección de Fidel y Raúl Castro, la madurez prevaleció sobre eventos circunstanciales. La certeza de que, a diferencia de lo que ocurría con los países socialistas de Europa Oriental, Cuba estaba demasiado lejos de la Unión Soviética, no formaba parte de su alianza militar (El Tratado de Varsovia), no era políticamente un satélite y tenía su propia confrontación con el imperialismo norteamericano, unido a evidencias como las aportadas por la guerra en Vietnam, plantearon la necesidad de blindar al país y de tratar de alcanzar la invulnerabilidad defensiva, para lo cual era preciso cambiar la doctrina militar. Bajo esas premisas, se revalorizaron las experiencias nacionales, principalmente las que hicieron posible que en el siglo XIX, sin ayuda de nadie y sin recibir ni un centavo ni un rifle de país alguno, los patriotas cubanos derrotaron a España, uno de los grandes imperios de la época a lo cual se sumaron las lecciones de Vietnam. Los estrategas cubanos avanzaron en el diseñó de lo que luego sería la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo. Así se arribó a una concepción de la resistencia que cree posible la victoria militar sobre el imperio, prescindiendo de misiles y bombas atómicas, no sólo porque es exclusivamente defensiva sino porque puede ser sostenible. En definitiva, para derrotar a la Revolución, Estados Unidos tendría que ocupar el país, que bien preparado será como “un avispero”. Sin los misiles que nunca pidió, Cuba no sólo dejó de ser una amenaza para Estados Unidos, sino que fue más segura y más fuerte porque disparó a discreción sus cohetes morales e internacionalistas, afirmó su fuerza en argumentos no en armas y libra la única batalla que quisiera librar, la batalla de ideas. Los hechos están a la vista. Quienes protagonizaron la angustia y la gloria de aquellos días, sobrevivieron al peligro y viven para contarlo. Los que pestañaron se perdieron el cincuenta aniversario. Sin filias ni fobias. Allá nos vemos. El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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