martes, 4 de diciembre de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias LXII: En el camino de Camilo

martes, 4 de diciembre de 2012 Manuel Justo Gaggero Como relataba en la nota anterior, en el mes de setiembre de ese año 1966, dos militantes cristianos revolucionarios que adherían a la Teología de la Liberación y al Concilio Vaticano II, Casiana Ahumada y Juan Carlos García Elorrio, comenzaron a editar una revista, que fue fundamental en aquellos años, como receptáculo del debate que confrontaban las corrientes guevaristas marxistas, peronistas y cristianas. “Cristianismo y Revolución” retomaba el planteo del sacerdote colombiano Camilo Torres, reivindicando la praxis de este y su decisión de participar activamente en la lucha armada que se desarrollaba, desde 1948, en esa nación caribeña. Camilo, se había incorporado a una de las organizaciones guerrilleras que luchaban por la Liberación y el Socialismo en la selva colombiana, el Ejército de Liberación Nacional. El 15 de febrero de 1966, cuando se desplazaba junto a compañeros del ELN, fue alcanzado por dos disparos de una patrulla del ejército opresor, que les había tendido una emboscada. Murió casi inmediatamente. Sus compañeros intentaron rescatar el cadáver pero la fuerte resistencia de sus adversarios se los impidió, por lo que tuvieron que replegarse a la selva. Los soldados patearon el cuerpo inerte, lo fotografiaron, registraron sus huellas dactilares y enterraron sus restos, en un lugar que aún se desconoce. Desde ese momento los campesinos explotados de esa nación lo veneran como “San Camilo”. En la nota central del primer número de la revista que firmaba Juan Carlos, claramente se consignaba “…El verdadero socialismo es el cristianismo integralmente vivido en el justo reparto de los bienes y la igualdad. Para lograrlo es indispensable erradicar la propiedad privada de los medios de producción…. ” “El ideario de Camilo Torres Restrepo -seguía diciendo- se basa en tres afirmaciones: 1) Sin el poder para el pueblo no hay cambio social en América Latina. 2) La vía electoral no es el camino. 3) La única salida es la lucha armada…”. Terminaba diciendo “No se puede ser manso en una realidad de violencia extrema, sin ser cómplice”. En esta presentación se sintetizaba el pensamiento del Che y de Camilo y los contenidos de algunas de las propuestas que habían sacudido a esa institución milenaria, que era la Iglesia Católica. Nosotros, con nuestro grupo en Paraná y Santa Fe, comenzamos a distribuir la revista y nos conectamos con algunos sacerdotes que suscribían estos planteos, sin hacerlos públicos para evitar la represalia de la jerarquía eclesiástica que, en mi ciudad, estaba claramente alineada con la intervención federal. En esos días viajé a Buenos Aires y en la casa de Alicia Eguren y John William Cooke conocí a tres compañeros que fueron fundamentales en el proceso de lucha antidictatorial. Con uno de ellos -Envar El Kadri- nos habíamos encontrado en un Congreso de la Juventud Peronista realizado en Rosario en 1963, en el que un grupo fascista trató de agredirme, y este lo impidió. Estaba organizando, con compañeros de la Resistencia y con antiguos amigos de la época universitaria -entre los que estaba Néstor Verdinelli- las Fuerzas Armadas Peronistas. Por razones de seguridad no dio detalles, pero quedaba claro que adhería a la postura del Che, respecto al rol de la actividad guerrillera. Nos adelantó que pensaba viajar a Madrid, en los próximos días, para entrevistarse con el General y reiterarle la necesidad de que diera señales claras de su oposición al régimen dictatorial. Estaba también compartiendo la reunión, un excelente abogado laboralista, al que conocía por sus artículos en las revistas especializadas, Luis Cerruti Costa. Había acompañado al gobierno del primer peronismo hasta 1954, cuando pasó a las filas de la oposición por cuestionar el contrato para la explotación del petróleo con la California Argentina y las declaraciones del General, al recibir a Milton Eisenhower, enviado por Washington para “reestablecer” las relaciones con nuestro país, en las que el Líder anunciaba el “fin de la Revolución Nacional”. Comenzó a editar un periódico con ese nombre, en el que se expresaban los sectores nacionalistas que cuestionaban el cambio de rumbo, que suponían estas decisiones. Al asumir el gobierno de la contrarrevolución, el 19 de setiembre el General Eduardo Lonardi, lo convocó para que se hiciera cargo del Ministerio de Trabajo. Días mas tarde, mas precisamente el 17 de octubre de ese año 1955, la CGT en la Resistencia que encabezaba Andres Framini Secretario General de la Asociación Obrera Textil y Luis Natalini, del Sindicato de Luz y Fuerza, lanzó un paro general, al que Luis, desde el Ministerio, respaldó, por lo que fue desplazado del cargo. Su clara oposición al sindicalismo “participacionista”, encabezado por Augusto Timoteo Vandor, que había pactado con la cúpula militar, lo convirtió en asesor letrado de las organizaciones obreras confrontadas con la Dictadura. Inmediatamente se estableció con él una gran empatía. El tercero era el ex seminarista Juan Carlos García Elorrio, en torno al cuál se estaban nucleando jóvenes cristianos que adherían a la Teología de la Liberación y sacerdotes que empezaban a conjugar un Movimiento que levantara el “camino y el ejemplo de Camilo Torres”. Este encuentro, al que se sumaron las noticias que llegaban desde La Habana sobre los desplazamientos del Comandante, nos dieron la certeza de que se comenzaba a recorrer el camino de la verdadera lucha revolucionaria. Como siguió esta historia, que nos colocaba en el epicentro de la lucha, en serio, por el poder, será uno de los temas que abordaremos en nuestra próxima nota. Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”. El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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