sábado, 26 de enero de 2013

En el 160 Aniversario del Natalicio del Apóstol José Martí

¡Oh, México querido! Enraizamiento y presencia en la patria de Benito Juárez Por: ALFONSO HERRERA FRANYUTTI* (21 de enero de 2013) Este año, además del aniversario 160 del nacimiento de José Martí, se conmemora el 138 de su primera llegada a México, y su figura no se agota: se agiganta y adquiere plena vigencia en el país que, después de Cuba, es donde quizás se ha destacado más la presencia de aquel que le manifestara una y otra vez su amor de palabra y obra. En una ocasión declaró: “Si no fuera Cuba tan infortunada, querría yo más a México que a Cuba”. Es tal la importancia de su experiencia mexicana, señaladamente la que vivió durante el bienio 1875-1876, que suele citarse con tino estas palabras dichas por Juan Marinello en una célebre conferencia: “Sin México y lo mexicano, no se hubiera logrado la estampa cabal del que llamó Gabriela Mistral el hombre más puro de la raza”. Veintidós años cuenta el independentista cubano cuando el 8 de febrero de 1875 desembarca en Veracruz. Un nuevo mundo se abre ante él, quien empieza a recorrer con paso firme lo que no tardará en llamar nuestra América. Dos días después de su llegada a tierra mexicana se rencuentra en la capital con sus padres y sus hermanas, entre las cuales faltaba Ana, su preferida, que había muerto el 5 de enero anterior, mientras él atravesaba el Atlántico. Primer abrazo mexicano En la estación de ferrocarril de Ciudad México lo espera el padre, don Mariano, acompañado del licenciado michoacano Manuel Antonio Mercado, protector de su familia. De él recibe el primer abrazo mexicano, un abrazo que duraría toda su vida. La nueva etapa de su existencia andariega tras el destierro español, será fuente de experiencias para Martí: llega al México liberal de Sebastián Lerdo de Tejada, continuador de la obra de Benito Juárez. Y este país le abre los brazos y lo sienta a su mesa como hiciera antes con tanto cubano huérfano de patria, desde José María Heredia, el cantor del Niágara; Juan Clemente Zenea, el Bayamés; Pedro Santacilia, Alfredo Torroella y muchos otros. No había en ese momento otro país más afín a su temperamento y su ideología. Pronto al joven desterrado que llegara “mísero y desconocido”, estará de lleno en las actividades del diario Revista Universal. El periodismo, que cultivaba desde edad temprana, era ya para él una labor y un arma de lucha que no abandonará nunca. En aquel ámbito se pone en contacto con lo más granado del circulo literario y los hombres del pensamiento liberal mexicano, como Guillermo Prieto, Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, el Nigromante, y jóvenes de aquella generación como Juan de Dios Peza y Justo Sierra. En México, “donde vivir no es pena”, como afirma poco después de su llegada, recupera su plena libertad, su personalidad de hombre libre, alas para su poesía y el derecho irrestricto de escribir y defender su patria. Se da a conocer como poeta, traductor, orador y polemista brillante en sus debates del Liceo Hidalgo. Destaca en Revista Universalpor sus famosos Boletines firmados con el seudónimo Orestes, que lo convierten en el cronista de la vida nacional. Talento y cultura le permiten abarcar las más diversas funciones periodísticas, y brilla como editorialista, cronista parlamentario, crítico de arte. Publica numerosos poemas, y es además el autor del proverbio dramático Amor con amor se paga, quese representa con éxito. Crisol de nuevas vivencias Su amplio quehacer periodístico le propicia asomarse a la vida nacional e internacional. Al poco tiempo de su llegada denuncia los peligros que sigue representando para México la política expansionista de los Estados Unidos. Esa nación, manipulando problemas surgidos o provocados en la frontera norte, amenaza con invadir nuevamente a su vecino del sur, al que ya le había arrancado más de la mitad del territorio. Frente a ello se dan en Martí los primeros asomos de lo que sería su labor antimperialista. Su estancia en México constituye una experiencia definitiva. Ante sus ojos irrumpe la situación de los indígenas, de la cual se duele. Le “irritan estas criaturas” forzadas a volverse “serviles, […] hombres bestias que nos llaman amos y nos veneran”. Asume su defensa y propone soluciones, como la enseñanza obligatoria. Pero también observa su capacidad, la grandeza de sus ruinas prehispánicas, conoce la obra de Juárez, y ha escuchado las voces indias de Ignacio Ramírez, Altamirano y Felipe Sánchez Solís, “hijo de la raza indígena”, diputado y exrector del Instituto Científico y Literario de Toluca. México es el crisol de nuevas vivencias a través de las cuales vislumbra la potencialidad de la “raza” latina. Es el entorno a propósito del cual expresa: “La vida americana no se desarrolla, brota”. Siente y señala la necesidad de cuidar la autoctonía, de preservar lo propio y fortalecer la identidad nacional, el despertar orgulloso del nacionalismo y el liberarse de la influencia extranjera indebida. Sostiene que México necesita un teatro propio: “La independencia del teatro es un paso más en la independencia de la nación”. Ese principio lo extiende a las leyes, la educación, el comercio, el arte en general, la economía. Amplitud de vida y de temas Periodísticamente, aborda variados temas sociales y políticos, como la huelga de estudiantes, y en especial los problemas obreros, las huelgas de los sombrereros y los impresores. En general las justifica y apoya cada vez más, motivo por el que es invitado a colaborar en El Socialista, y es electo para asistir al primer congreso obrero como representante de la sociedad Esperanza de Empleados, aunque no quedan evidencias de su participación en ese foro. Denuncia las insurrecciones cristeras de Michoacán, y, en cuanto a la política nacional, defiende el gobierno de Lerdo de Tejada ante los ataques de la prensa conservadora y los partidarios de Porfirio Díaz. Pronto escribe y actúa como un mexicano más, identificado con lo mejor y más avanzado del liberalismo que se fragua en este país. Pero no todo es política y literatura. No podemos olvidar el amor. Martí vive en México su hora romántica. En su pujante juventud, está pleno de amor, y su Eros se expresa en la poesía. Los poemas de esa época son exaltación amorosa, y publica tres que titula Sin amores: “Yo vivo sin amor ¿quién sin amores/ Su soledad doliente cantaría?”, dirá en el primero de ellos. Ahí está la Musa de la época, Rosario de La Peña, ya señalada como Rosario, la de Acuña, porque a ella se atribuye el suicidio del poeta Manuel Acuña; y están Edelmira Borrel y las actrices Eloisa Agüero, cubana, y Concha Padilla, quien protagoniza Amor con amor se paga. Pero encuentra el amor verdadero, que le representa un dilema: “¡Otra vez en mi vida el importuno/ Suspiro del amor, cual si quisiera,/ Triste la patria, pensamiento alguno/ Que al patrio suelo en lágrimas no fuera!” Ella fue una compatriota suya, la camagüeyana Carmen Zayas Bazán, con quien contraerá matrimonio ante el altar del Sagrario Metropolitano un año después. Etapas En 1876, al caer el gobierno de Porfirio Díaz, Revista Universalcierra sus puertas, y Martí, fiel a Lerdo de Tejada, se refugia en El Federalista,en cuyas páginas publica Alea jacta est y La situación, enérgicas denuncias contra el caudillismo, representado entonces por el anticonstitucional Porfirio Díaz. Martí necesita salir de México, y va a radicarse en Guatemala. Cabe suponer que mientras el tren desciende hacia Veracruz es cuando él escribe aquel grito de angustia que nos legó entre sus apuntes: “¡Oh México querido! ¡Oh México adorado, ve los peligros que te cercan! ¡Oye el clamor de un hijo tuyo, que no necio de ti! Por el Norte un vecino avieso se cuaja: por el Sur &.&.Tú te ordenarás; tú te guiarás; yo habré muerto, oh México, por defenderte y amarte”. Se fue de México; pero este país, más que un recuerdo, fue una presencia permanente en su corazón y en su pluma. El revolucionario cubano quedó unido a la patria de Juárez a través de sus cartas a Mercado y sus colaboraciones en El Partido Liberal, y siempre en palabra y en hechos defendió a México y le advirtió de los peligros que lo asediaban. La segunda etapa mexicana de Martí transcurre a finales de 1877, cuando viaja desde Guatemala para casarse con Carmen Zayas Bazán. En 1894 vuelve por tercera vez. Este es un viaje eminentemente político. Lo hace como Delegado del Partido Revolucionario Cubano en busca de ayuda para su causa. De ahí su entrevista con el entonces presidente Porfirio Díaz, a quien le expresa acerca de la revolución que se gesta: “Los cubanos no la hacen para Cuba solo, sino para la América; y el que los representa hoy a viene hablar, en nombre de la república naciente”. Luego regresa a Nueva York, para partir desde allí hacia su destino: Cuba, adonde llega por Playita de Cajobago y continúa hacia Dos Ríos. En plena manigua cubana, el 18 de mayo de 1895, horas antes de su muerte, como en un presagio, su pensamiento vuela a México, y le escribe a Mercado la conocida carta inconclusa que ha sido considerada su testamento político. En ella expresa: “–Y México–¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallara–o yo se lo hallaré. Esto es muerte y vida y no cabe errar”. Permanencia Muerto Martí, en México se mantendría viva su memoria. Su nombre lo llevan calles, escuelas, bibliotecas y el Centro Cultural donde una gran estatua suya vela una de las principales avenidas capitalinas Los escritores mexicanos conservarían vivo su recuerdo, no desde el punto de vista apologético y repetitivo, sino con verdadero afán indagador. Juan de Dios Peza y Justo Sierra lloraron su muerte, y el segundo profetizó: “En la lira de América pondremos/ tu cadáver, así lo llevaremos/ En nuestros propios hombros a la historia”, y se ha cumplido. José Peón Contreras evocó poéticamente su memoria; Luis G. Urbina y Amado Nervo nos legaron bellos recuerdos del Apóstol. En un libro de 1933 que tituló Martí en México, el veracruzano José de J. Núñez y Domínguez reconstruyó una serie de cuadros sociales y entrevistas sobre los años mexicanos de Martí. El yucateco Camilo Carrancá y Trujillo inició la recuperación de su obra dejada en Revista Universal y en El federalista, a lo que dedicó el libro La clara voz de México,y varios artículos más. El tabasqueño Andrés Iduarte destacó su labor literaria en su Martí escritor; Mauricio Magdaleno publicó Fulgor de Martí; y Ángel Ceniceros la magnífica conferencia Martí o la tragedia como destino glorioso. El autor de este artículo lo es también del libro Martí en México. Recuerdos de una época, que, actualizado en tres ediciones, aporta nuevos materiales a la biografía del héroe. Martí vive en México, en el corazón de los mexicanos. Su palabra y sus ideas están presentes en el pueblo que le rinde homenaje, modesto en comparación con la grandeza del cubano que lo quiso como un hijo. El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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