martes, 8 de enero de 2013

Venezuela, ¿dictadura o democracia? por @EnriqueBeth

Por: Enrique Bethencourt / Enero 6, 2013 Venezuela se encuentra en el primer plano informativo por el grave estado de salud de su recién reelecto presidente, Hugo Chávez Frías, un líder carísmático que levanta filias y fobias en todo el mundo, pero que cuenta con el mayoritario apoyo de su pueblo. En diversos artículos periodísticos o tertulias radiofónicas o televisivas es común referirse a esa nación latinoamericana como una dictadura. Lo dicen, por supuesto, los abundantes tertulianos de la caverna pero también, sin el menor sonrojo, algunos progres. También en Twitter presuntos socialistas no disimulaban su amor al líder opositor, Henrique Capriles, en las vísperas de los comicios presidenciales del pasado mes de octubre. Aunque ahora también les ha dado por referirse al “régimen” venezolano, expresión que no usan con España, Grecia, Colombia o México. Claro que el culmen del disparate, y del ridículo más espantoso, lo protagonizó el Nobel Mario Vargas Llosa que, el mismo día de las votaciones, pronosticó en las páginas del diario El País una aplastante victoria de Capriles sobre Chávez, augurio fundado en su profundo conocimiento de la idiosincrasia del pueblo venezolano (ver Vargas Llosa, Venezuela y las encuestas http://wp.me/p1SYpM-cF ). Un error sustentado en la sustitución del conocimiento de la realidad y del análisis político-electoral por los deseos y la ideología, profundamente conservadora y ultraliberal, del autor de La ciudad y los perros. Los mismos deseos e ideología que me expresó hace unos años un corresponsal en Caracas de un medio español. “¿Vio usted la manifestación chavista?”, me interrogó, para luego dar su rotundo comentario en un tono de enorme desprecio: “¿Se fijó? Eran casi todos negros”. Se supone que los blancos y los acaudalados estaban en el otro bando. He estado en Venezuela y es un país que tiene problemas, entre otros la pervivencia de altos niveles de delincuencia y criminalidad, así como una elevada inflación; y numerosas incógnitas abiertas sobre su futuro inmediato, entre otras las referidas al devenir y a las debilidades de su economía. No es una sociedad perfecta, como no lo es ninguna. Pero es una nación en la que el desempleo está en el 7% (aunque sigue habiendo mucha economía sumergida), ha bajado sensiblemente la pobreza, del 49,4% al 23,6% en los últimos 14 años, está a punto de erradicarse el analfabetismo y se han producido importantes avances (derecho a la salud, acceso a la vivienda, pensiones de jubilación…) hacia una sociedad con mayor equidad, en la última década, invirtiendo el proceso de etapas anteriores. Manifestaciones Debe tratarse, sin duda, de una dictadura sui géneris. Por sus calles he visto manifestaciones de funcionarios públicos contra decisiones del Gobierno, sin que se produjera la menor represión policial; como en Madrid o Barcelona, vamos. En Venezuela no hay presos políticos. Sus televisiones, radios y periódicos son abrumadoramente contrarios a Chávez y su Gobierno; medios de comunicación de una permanente agresividad comparable a los mejores momentos de Intereconomía, La Gaceta o La Razón. Existen partidos políticos, organizaciones empresariales y libertad de culto. Y economía de mercado, por cierto. No digamos nada en el plano electoral: más de una docena de convocatorias a las urnas desde 1999. Comicios vigilados al máximo a nivel internacional, desarrollados con la mayor limpieza y cuyo proceso y resultados han sido reconocidos por la UE, la ONU, la OEA o el Centro Carter. Y ganados casi todos por Chávez, salvo su intento de reforma constitucional, tumbada por los electores en 2007. Por cierto, Chávez junto a otros líderes latinoamericanos, entre ellos los exguerrilleros José Mújica (Uruguay) y Dilma Rousseff (Brasil), ha demostrado que la izquierda puede llegar con la fuerza de los votos al Poder y promover democráticas transformaciones sociales. Algo impensable tras el violento desalojo de Salvador Allende en 1973 y las dictaduras sanguinarias que se generaron en muchos países en los setenta y ochenta del pasado siglo. A falta de mayores argumentos, sus detractores recurren al control estatal de los sectores estratégicos de la economía, a su intervencionismo. Actitud sin duda “dictatorial” que contrasta con la “muy democrática” de los que en España comienzan hoy el camino de privatizar la Sanidad; y anteriormente lo hicieron con Endesa, Tabacalera, Repsol, Telefónica y Argentaria, entre otras. Carta Magna Incluso alguno acusa a Chávez de modificar la legislación para poder repetir, vía urnas, en el cargo. Y olvidan que aquí se modificó la Carta Magna por PP y PSOE para blindar el pago de la deuda y el cumplimiento del déficit, colocándolos por encima de los derechos de los ciudadanos. Comprendo que la derecha fustigue a Chávez y que recurra, aunque me parezca poco ético, a la difamación y a la manipulación constante sobre Venezuela y su realidad social, económica y política. Forma parte de su ADN. Entiendo menos que una parte de la izquierda repita los mismos esquemas y argumentos endebles, sin el menor contraste ni reflexión. No se trata de deificar a nadie. Ni a Chávez ni a su partido ni a sus políticas, en las que conviven aciertos y errores. Y que, como todas, deben estar siempre sujetas al análiisis y a la crítica. Aunque, en última instancia, quien tiene que refrendarlas o no es el pueblo venezolano. Pero, guste más o menos, la orientación de sus políticas (como las de las diversas y plurales izquierdas que han llegado al poder democráticamente en América Latina, desde Uruguay a Ecuador, desde Brasil a Bolivia) es claramente favorable al bienestar de la mayoría social y, especialmente, a tratar de mejorar las condiciones de los más pobres. Y se nota en todos los parámetros: empleo, niveles de pobreza, educación, sanidad, etcétera. Los mismos parámetros que en España y en otros países europeos están cayendo en picado gracias a las políticas de austeridad, de cercenamiento de lo público y de beneficio de las minorías, los mercados y la banca, haciendo que cada vez haya más pobres y más excluidos sociales. Y pocos, especialmente en los medios de comunicación, cuestionan semejantes democracias adulteradas y de cada vez más ínfima calidad. En las que se incumplen sistemáticamente los programas electorales e incluso, como en Italia, poderes externos imponen un presidente que no pasó la prueba de las urnas. ————————Puedes seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth Un viejo texto (de febrero de 2006), firmado entre otros por los premios Nobel Adolfo Pérez Esquivel, Nadine Gordimer y José Saramago, que sigue teniendo interés: La soberanía de Venezuela debe respetarse El 11 de abril de 2002, el presidente Chávez fue víctima de un golpe de Estado promovido por la administración Bush con la complicidad de los sectores más antidemocráticos de la sociedad venezolana. Menos de 48 horas después, la junta golpista se vio rechazada por la movilización popular, que exigió sin descanso y con éxito el regreso del representante legítimo de la nación. Pero la oposición, no contenta con el fracaso de su golpe, intentó en diciembre de 2002 sabotear la industria petrolera, vital para el buen funcionamiento del país, y causó daños colosales a la economía venezolana. En agosto de 2005, durante un programa de televisión de gran audiencia en EE.UU., el reverendo ultraconservador Pat Robertson, muy cercano a la Casa Blanca, hizo un llamado al asesinato del señor Hugo Chávez sin tener por ello ningún problema ulterior con la justicia estadounidense. Su asesinato «nos costaría mucho menos caro que iniciar una guerra», afirmó. En septiembre de 2005, el presidente Hugo Chávez denunció públicamente la existencia de varios planes de invasión de Venezuela por parte de las fuerzas militares estadounidenses. Washington no deja de estigmatizar al líder venezolano como si fuese «una fuerza negativa» para la seguridad del continente americano. En noviembre de 2005, el gobierno del señor José Luis Rodríguez Zapatero se vio sometido a intensas presiones por parte de Estados Unidos con el fin de que España no procediera a la venta de armas a Venezuela. Washington dio pruebas con ello de un patente desprecio a las reglas diplomáticas internacionales. Durante los últimos seis años, la oposición venezolana ha sufrido once derrotas electorales consecutivas, y ello a pesar de todas las campañas mediáticas que organizó contra el gobierno legítimo del señor Hugo Chávez. Frente a esta desbandada ininterrumpida, la oposición, que ha perdido toda base popular, decidió boicotear las últimas elecciones parlamentarias con el objetivo de socavar el proceso democrático. Serias sospechas pesan sobre Estados Unidos, considerado como el promotor de esta nueva tentativa de desestabilización. La oposición venezolana, en parte financiada por Washington, que se niega a plegarse a las reglas electorales, toma así como rehén a la democracia. ¡Eso es inaceptable! ¡Las decisiones soberanas del pueblo venezolano deben respetarse, pues el porvenir de la nación no se decide en las oficinas de la Casa Blanca, sino en las urnas bolivarianas! El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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