lunes, 24 de junio de 2013

Pueblos originarios y "limpieza ecológica"

LUNES, 24 DE JUNIO DE 2013 Tomás Buch (RIO NEGRO ON LINE) Estamos en una época en la que los habitantes originarios de las tierras usurpadas por Occidente vuelven por sus fueros y en la que los gobiernos -muchos de ellos, por lo menos en América Latina- reconocen los derechos originarios. Por lo menos, en el discurso. Y Bolivia, la mayoría de cuya población es aimara, quechua o guaraní, tiene por primera vez en sus 200 años de historia un presidente que pertenece a la mayoría del pueblo. En muchos sitios se ha aceptado la educación bilingüe para evitar que las culturas originarias se pierdan en la marea unificadora del modernismo capitalista. También estamos en una época en la que gran parte de la economía de nuestro país se basa en la demanda por una leguminosa ajena a nuestro territorio, pero que, ingeniería genética mediante, se da muy bien en casi cualquier clima y vale más de 500 dólares la tonelada. Nosotros no la consumimos, salvo en forma de salsa o de falsas milanesas; en cambio, los cerdos chinos están ávidos y los vehículos a motor creen que con mezclar 5% de biodiésel en su combustible contribuyen a evitar la catástrofe climática y ecológica hacia la que nos encaminamos sin pausa y con más prisa de la que aceptamos. La soja se da muy bien en zonas en las que hasta ahora no había producción agrícola, salvo unos choclos familiares, ni inundaciones que arrasan a poblaciones enteras. En cambio, había bosques naturales en los que unos pocos "indios" vivían más o menos tranquilos, más o menos despreciados, más o menos ignorados, con una economía de subsistencia. En Formosa, en Chaco, en Salta, en la Patagonia, en Misiones... La mayoría (algunos historiadores hablan del 90%) murió por enfermedades traídas de Europa, por explotación en las minas, de hambre o de tristeza. La civilización se robó un continente y el día en que este despojo comenzó se siguió festejando como el Día de la Raza hasta el 2010; desde entonces se llama Día del Respeto a la Diversidad Cultural y en muchos países latinoamericanos también se hace más énfasis que antes en el respeto por los pueblos originarios. La "raza" festejada era una mezcla de celtíberos, godos, cartagineses, romanos, árabes y vaya a saber qué más. Pero "blancos". Quedan algunas decenas de miles de indígenas en nuestro país. Y éstos fueron despojados repentinamente, o de a poco, (pero siempre en forma sangrienta), de sus tierras. Repentinamente, en los años 1830 por Rosas y en 1879 por Roca en el sur, y bajo Avellaneda (el que pagaba nuestra deuda externa con el sudor y la sangre de los argentinos en general, no sólo de los indios) y bajo Roca como presidente en el norte, a cargo del coronel Manuel Obligado y el mayor Luis Fontana. Y de a poco, terruño tras terruño, ahora. La Patagonia norte se repartió entre los oficiales de Roca y el sur fue apoderado por próceres como aquellos llamados Menéndez y Behety, acompañados por la Corona británica (todos los cuales pagaban por orejas o testículos de indios asesinados) fueron a parar a manos más hábiles o más ávidas que las nuestras, como el millón de hectáreas de los Benneton que, graciosamente, construyeron un museo con los restos de tehuelches y mapuches. De onas, alacalufes y yanagas sólo quedan anécdotas. De la lengua tehuelche queda un diccionario... Y los mapuches son reprimidos duramente en Chile, por los mismos motivos de siempre: reclaman una parte de sus tierras. Ellos se defienden cometiendo, a veces, actos de terrorismo como el asesinato de "huincas" -imperdonable pero comprensible ante la represión de todos los gobiernos- tal vez, con excepción del de Allende. Quedaban los bosques del Norte, los que habían dejado los ingleses de La Forestal después de destruir todo el de quebracho. "Impenetrable" se llamaba lo que queda del bosque chaqueño y formoseño; Yungas, el salteño, y dentro había naturaleza intocada por el hombre blanco, porque la geografía era hostil, el clima impedía la mayoría de los cultivos. Habitan esa inhóspita zona los restos de varias etnias que durante mucho tiempo fueron dejadas en su miseria, pero en paz. Y entonces llegó la soja, especialmente las variedades manipuladas genéticamente para hacerlas resistentes a las malezas y a los climas más variados, y de repente la zona agrícola empezó a expandirse y la poco conocida soja se empezó a expandir cual incendio por todo el país. Un incendio que se está llevando a los presuntamente tan reivindicados y protegidos y mimados pueblos originarios -en este caso los qom, que solíamos llamar tobas- a manos de una policía al servicio de grandes intereses del agro, que aún dominan nuestro país y especialmente las provincias de estructuras más feudales. Los asesinatos están a la vista, tantos "accidentes" no son creíbles para nadie. Sus culpables están acusados con fundamentos y testimonios: son los esbirros de los mismos terratenientes que quieren ocupar (eufemismo por "robar") el poco suelo que han dejado a los indígenas, con la más que probable protección, complicidad o ayuda de las policías provinciales. Existen las leyes que les aseguran sus tierras, pero los postes limítrofes se siguen moviendo a favor de los latifundistas y siempre "se investigan" las culpas pero jamás se castiga a nadie, aunque todo el pueblo sepa quiénes son, de modo que, además de policía, también la "Justicia" es cómplice. Y la soja avanza. Y los indios mueren o se hacinan alrededor de las ciudades. También el desierto avanza, junto con el desmonte. Primero es el desierto verde de la soja, sobrealimentada con productos tóxicos. Luego será el desierto de la tierra destruida. Tomás Buch es físico y químico. El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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