miércoles, 9 de octubre de 2013

Querido Sr Presidente EPN

Sr Presidente:
Ahí estás Señor Presidente, encaramado en lo más alto del poder político, económico, militar y policíaco de esta república mexicana en la que la mitad de su población está en la pobreza, sin empleo y sin esperanza. Y te indigna, Señor Presidente que te llamen “espurio” y te profieran epítetos impublicables millones de ciudadanos, en manifestaciones públicas y por medio de las democráticas “redes sociales” de la Internet.

Tu coraza presidencial Señor Presidente, la que te dejaron tus antecesores panistas, la recibiste prostituida, deteriorada, por los malos gobiernos de esos oscuros señores reaccionarios, Vicente Fox Quesada —hoy tu aliado— y Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, que en sus respectivas gestiones el primero robó a sus anchas del dinero excedente de la exportación petrolera mexicana mientras el segundo, también robó y por añadidura —para legitimarse, porque se robó la Presidencia— cubrió de sangre y muerte al país entero con su estúpida guerra al llamado crimen organizado que tú has tenido que continuar a tontas y a locas, con el saldo trágico que es público, en los escasos diez meses que llevas como titular del omnipotente Poder Ejecutivo de la Nación.

Y tu equipo de trabajo Señor Presidente, está integrado por personajes no muy inteligentes ni probos, miembros prominentes de tu partido político el Revolucionario Institucional, hoy convertido en instituto político de ultra derecha como lo ordenaste para la celebración de pasada su más reciente Asamblea Nacional; se plegó a tus órdenes de convertir al priísmo en una organización no más revolucionaria ni fiel a la justicia social como lo dictan los cánones del neoliberalismo económico, el que tú profesas por consejo (¿o mandato?) de uno de tus más siniestros asesores en el gobierno que tratas de desarrollar, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Dictaste reformas y adiciones constitucionales al Congreso de la Unión, en estos casi diez meses de tu régimen con la certeza de que serían aprobadas pues ese poder Legislativo está integrado mayoritariamente, por hombres de tu nuevo PRI, seres sin voluntad propia, traidores a sus promesas de campaña en aras de prolongar contigo, Señor Presidente, otros 70 años, la “dictadura perfecta” del PRI como la llamó hace tiempo el escritor peruano Vargas Llosa y lo reiteró la prensa francesa al día siguiente de tu supuesto triunfo electoral, el pasado 2 de julio de 2012.

Y fue supuesto, Señor Presidente Enrique Peña Nieto, porque los distintos y no precisamente honorables grupos oligárquicos de México decidieron convertirte en el timonel de la nación. Y aportaron miles de millones de pesos y dólares para realizar tu campaña política y así poder comprar la voluntad popular con limosnas a los pobres con las ya célebres tarjetas de consumo “Monex” y “Soriana”. Muchos miles de millones para lograr, como dicen tus detractores “comprarte” tu Presidencia de la República, la que hoy ostentas.

Pero ¿disfrutas plenamente tu poder Señor Presidente? Desde tu campaña esos jóvenes insolentes de la Universidad Iberoamericana te la dificultaron. Te recordaron tu decisión de cuando fuiste gobernador del estado de México, de reprimir a sangre y fuego a los campesinos del municipio de Atenco con tu policía, que asesinaron a hombres y violaron a sus mujeres. Trataste de imponerte a esos muchachos airados, vociferantes que te gritaban “¡asesino!” “’asesino!” una y otra vez, con la frase que te aconsejaron tus asesores: “Actué para restablecer el estado de derecho”.

Tuviste que huir Señor Presidente, y esconderte de la ira juvenil en un sanitario de esa Universidad a la que llegaste sin imaginar que jóvenes estudiantes hijos de gente adinerada, te recibirían con aplausos y fanfarrias, por ser un candidato a la Presidencia de México, “muy guapo”. Tenías esa gran confianza a partir de que poco antes en esa tu campaña, infinidad de mujeres humildes y no tanto rompían el cerco de seguridad tendido por tus guardaespaldas, para poder besarte. Te habrás ruborizado señor Licenciado Peña Nieto, cuando leíste esas pancartas con la leyenda femenina de: “Peña Nieto, bombón; te quiero en mi colchón” o cuando otras mujeres idiotas te gritaban en tus mítines “todas somos gaviotas” en referencia al sobrenombre que obtuvo tu actual esposa la señora Angélica Rivera, cuando actuó en una telenovela de la empresa Televisa a la que favoreces al extremo posible, por haberte promovido con una imagen, precisamente como la de uno de sus hombres bellos de la televisión. Fue un auto-engaño Señor Presidente y ahora tienes que aceptarlo.

Mucho pues le debes a Televisa y a sus dueños, Señor Presidente. ¿Tus iniciativas de reformas constitucionales aunque sean contrarias al sentir de las mayorías? ¡Bah!, dirás, Señor Presidente, la televisión privada y lo periódicos nacionales difundirán exclusivamente el lado positivo de las nuevas leyes, las tuyas, Enrique Peña Nieto. No Señor Presidente, no has sido lector universal y menos escritor como lo fueron varios ex presidentes de México, pero tal vez conozcas la frase del dictador Porfirio Díaz en cuanto a los tratos de su gobierno con la prensa mexicana de hace más de un siglo: “Perro con hueso en el hocico, ni ladra ni muerde”.

¿Es así Señor Presidente? ¿Dispones, como lo hizo don Porfirio de muchos millones de pesos del erario público para mantener contentos a los periodistas y dueños de medios informativos para que alaben tus acciones y sin un gramo de ética periodística desinformen a la población y la manipulen a tu gusto y placer?

¡Ah! y esos irreverentes ciudadanos que te hieren soezmente en las redes sociales. “Son minorías —dices— igual que los decenas de miles de maestros afiliados a la CNTE que con movilizaciones multitudinarias en toda la nación, se pronuncian enojados con tus disposiciones impositivas que les cancelan de tajo las conquista sindicales que alcanzaron en años de actividad docente sindicalizada.

¿Tu primer Grito de Independencia a diez meses de tu sexenio, Señor Presidente, para escenificar el que pronunció el Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla, hace 203 años? Fue una conmemoración deslucida, fallida. Tus corifeos priistas, a la ceremonia que encabezarías en el Zócalo de la Ciudad de México, la pasada noche 15 de este septiembre, acarrearon a gente humilde en infinidad de autobuses a esa gran plaza para que lanzaron vivas a los héroes que nos dieron patria y libertad y de paso, te lanzaran alabanzas. Pero algo falló que le restó brillo a ese Grito tuyo desde el balcón Presidencial del Palacio Nacional. ¡Se colaron en la ceremonia ciudadanos que no te quieren! Te gritaron las frases, los denuestos que bien conoces pues los has escuchado por miles y miles en todos los rincones del país, durante tu campaña política y ahora como Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

¿Viste, Señor Presidente que cuando saliste al Balcón Presidencial acompañado de tu esposa y los hijos de uno y de otro, la plaza apenas estaba ocupada a la mitad y que las gradas ahí montadas estaban vacías? ¿Creíste que aquello sería “una fiesta patria” con miles y miles de ciudadanos que por la fecha habían olvidado los hechos de represión que ordenaste para desalojar a los necios maestros de la CNTE dos días antes del festejo? ¿Creyeron los acarreadores de gente que el cantante Juan Gabriel lograría la permanencia pública de los acarreados en la plaza? No, Señor Presidente. Apenas pasada la media noche el Zócalo estaba vacío.

En cambio seguramente te enteraste, Señor Presidente, que esos profesores, humillados por tu autoritarismo represivo dos días antes, al abandonar la Gran Plaza, emigraron a la otra plaza, la de la República, al Monumento a la Revolución, y allí junto con ciudadanos en común y estudiantes en número de más de cien mil celebraron una fiesta nacional que amenizaron con eventos culturales, como la Guelaguetza oaxaqueña y grupos de músicos de protesta; que nadie fue acarreado y que ésa fue una auténtica celebración patria con más de cien mil mexicanos asistentes que están en contra tuya, de tus leyes y de tu gobierno.

Son multitudes al aire libre Señor Presidente Licenciado Enrique Peña Nieto, que jamás conjuntaste en tu campaña política y menos ahora en la ceremonia del Grito de Independencia, la más significativa y concurrida por el pueblo mexicano. Tenías la esperanza de ser aclamado. No se pudo ni con la gente acarreada que tus corifeos llevaron a la Plaza de la Constitución para el efecto y se fueron pronto porque algunos de esos ciudadanos miserables ni siquiera recibieron los 500 pesos de recompensa que les ofrecieron para prestarse a esa farsa.

Los maestros de la CNTE, a los que ya muchos habitantes del DF llegaron a odiar por obra y gracia de los medios informativos a tu servicio, no se han doblegado ni se doblegarán; a la represión de tu policía respondieron con una fiesta cultural. Y mañana 17 de septiembre, volverán a montar sus campamentos en el Zócalo de la Ciudad de México. Y seguirán las movilizaciones en todo el país porque senadores y diputados bajos tus órdenes buscarán aprobar tu reforma energética privatizadora del petróleo y la electricidad, la venta de playas y franjas fronterizas.

Voces de izquierda en el Congreso de la Unión, como las irrespetuosas del actual diputado Ricardo Monreal Ávila o las de la senadora Layda Sansores Sanromán, te recuerdan que como “compraste la Presidencia de México” con la complicidad del Instituto Federal Electoral y el Tribunal del Poder Judicial de la Federación, “fácilmente estás vendiendo a la nación”. Y claro que lo sabes Señor Presidente, o al menos desde anoche te fue recordado: no te mandas solo. No eres dueño de la República; eres el Primer Mandatario de la Nación y por consiguiente ejerces el mandato que presuntamente compraste y que no te confirió el pueblo de México que es el que manda sobre ti, tu gabinete y los intereses económicos que hayas establecido con el extranjero.

Has envejecido prematuramente en los diez meses que llevas como Presidente de México. Reconócelo, Señor Licenciado Peña Nieto. El país se empieza a desmoronar en tus manos; dos huracanes lo flagelan en estos días. Es mucha tu tensión nerviosa, Señor Presidente, y muchas tus noches de insomnio y tu mal apetito. Nada podrás remediar con el inmenso poder que crees tener; envejecerás más porque se te agriará más el carácter; nada, pues lograrás en el plazo inmediato. Mejor sonríe… Sonríe, Señor Presidente…

SONRÍE, SEÑOR PRESIDENTE
Antonio Ortigoza Aranda
Director general de VOZ DE LA PROLE


El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent (1936-?) Escritor español.

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